miércoles, 10 de septiembre de 2008

Nuevo autor:Juan Carlos Onetti




Biografía de Juan Carlos Onetti

UAN J1909 – 1 de julio. Juan Carlos Onetti nace en Montevideo, en una casa de la calle San Salvador, en el Barrio Sur. Su padre, Carlos Onetti, era funcionario de aduana; su madre, Honoria Borges, provenía de una familia brasileña. Tuvo dos hermanos, uno mayor que él, Raúl, otra menor, Raquel. Abandona los estudios secundarios en el tercer año por una huelga general. Según Jorge Ruffinelli, poco después "comienza a trabajar, y durante varios años desempeña diferentes cargos: portero (...); funcionario de la Empresa Guerin (...); mozo (...); vendedor de entradas en el Estadio Centenario; vigilante de la tolva en el Servicio Oficial de Semillas". Según datos proporcionados por compañeros de entonces, el joven Onetti fue un buen atleta: hizo remo, basketball, atletismo. Trabajó en un censo, cuyos datos recogió recorriendo el pueblo a caballo. Participó en la revista La tijera, publicada junto a un grupo de muchachos de Villa Colón. En 1929 intentó viajar a la Unión Soviética, con el propósito de conocer un país "donde se estaba construyendo el socialismo". Casi enseguida, desiste.En 1930 se casa con su prima, María Amalia Onetti, y en marzo viaja con ella a Buenos Aires donde pasa a residir. Se gana la vida vendiendo máquinas de sumar. Publica algunas notas sobre cine en Crítica.El 16 de junio de 1931 nace su primer hijo: Jorge. El 1° de enero 1933 aparece en La Prensa su cuento "Avenida de Mayo-Diagonal-Avenida de Mayo", recopilado en volumen en 1974. Se separa de su mujer. En 1934 de regreso en Montevideo vuelve a contraer matrimonio, esta vez con María Julia Onetti, hermana de su primera mujer. Hacia 1935 escribe su relato "Los niños en el bosque" y la novela "Tiempo de abrazar", las dos publicadas en 1974. Cuando estalla la Guerra civil española, en 1936, trata (infructuosamente) de enrolarse en las Brigadas Internacionales que apoyan a la República. 1939 Carlos Quijano, fundador del semanario Marcha, llamado a convertirse en la más prestigiosa publicación uruguaya del siglo, designa a Onetti secretario de redacción. Vive en una pieza al fondo del local que ocupa el periódico. Onetti desempeñará el cargo hasta 1941. Durante ese breve pero intenso período, publicará semanalmente una columna literaria, La piedra en el charco. Con los seudónimos Periquito el Aguador, Groucho Marx y Pierre Regy firma artículos de "alacraneo literario" y cuentos policiales. En diciembre aparece su primera novela "El pozo" (Ediciones Signo, 99 págs. en papel de estraza) con una tirada de 500 ejemplares. Sólo un grupo reducido de amigos y de jovencísimos admiradores advierten que en ese libro se aloja una transformación narrativa profunda. En 1965, Arca lo reedita con un estudio fundacional de Angel Rama.
En 1941 empieza a trabajar en la Agencia Reuter. Conservando este empleo, a mediados de año se traslada a Buenos Aires, donde permanece hasta 1955.Trabaja como secretario de redacción de las revistas Vea y Lea e Impetu. En junio aparece la novela "Tierra de nadie", en Losada (Buenos Aires), premiada ese mismo año con el segundo puesto en el concurso "Ricardo Güiraldes". El 6 de junio La Nación publica su primer cuento importante, "Un sueño realizado".
1943 "Para esta noche" (novela), Buenos Aires, Poseidón. En 1944 aparecen dos cuentos: "Bienvenido Bob" (La Nación, noviembre 12) y "La larga historia" en Alfar (Montevideo). Este relato se transformará en la nouvelle "La cara de la desgracia".
El 12 de abril de 1945 contrae enlace con una compañera de trabajo en la agencia Reuter, Elizabeth María Pekelharing.El 26 de julio nace su hija Isabel María (Litti). En 1950 la editorial Sudamericana publica "La vida breve", la novela fundacional de Santa María, lugar donde transcurrirá la acción de la gran mayoría de sus nuevas novelas y cuentos. Onetti siempre la consideró su mejor novela. Hacia fines de 1951 se vuelve a casarse (por cuarta vez) con la joven argentina (de ascendencia alemana) Dorothea Muhr (Dolly), su compañera hasta el final. Viven en la calle Gonzalo Ramírez, N°1497, Ap. 4. En 1957 la revista Ficción de Buenos Aires publica el cuento "El infierno tan temido" (Nº5, enero-febrero). El 2 de abril de 1957, es designado Director de Bibliotecas en la División de Artes y Letras de la Intendencia Municipal de Montevideo, hasta su renuncia el 4 de marzo de 1975.
En 1974 participa del jurado de Marcha dando el primer premio al cuento "El guardaespaldas", de Nelson Marra. De inmediato Onetti y miembros del semanario son apresados por el régimen militar. Permanece en prisión entre el 9 de enero y el 14 de mayo. En octubre Onetti viaja a Roma para recibir el premio a la mejor novela de autor latinoamericano traducida y publicada en Italia, en este caso "El astillero". En 1975 invitado por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, viaja a esa ciudad y fija allí su residencia. En diciembre Arca da a conocer "Réquiem por Faulkner y otros artículos", que recoge artículos publicados en Marcha y en el diario Acción. En 1979 preside el Primer Congreso Internacional de Escritores de Lengua Española, que se llevó a cabo del 3 al 8 de junio en Las Palmas de Gran Canaria, cuya clausura se realizó en Madrid. En octubre, la editorial Bruguera/Alfaguara publica la novela "Dejemos hablar al viento". El 16 de diciembre de 1980 el rey Juan Carlos de España le entrega el Premio Cervantes de Literatura, dotado de unos 117.000 dólares.
En 1985 suceden las elecciones nacionales en Uruguay, que marcan el regreso a la democracia. El presidente electo, Julio María Sanguinetti, invita al escritor a asistir a las ceremonias de instalación del nuevo gobierno. Onetti agradece la invitación pero decide permanecer en Madrid. Recibe el Gran Premio Nacional de Literatura. El semanario Brecha publica en Montevideo el cuento breve "El gato.
En 1992 la universidad de Stanford (California), por iniciativa de Jorge Ruffinelli digitaliza el registro total de las obras de Onetti, para beneficio de investigadores futuros.
En 1993 la editorial Alfaguara publica la que será su última novela, "Cuando ya no importe", que hará las veces de testamento literario.
En 1994 con el auspicio del Ministerio de Educación y Cultura, la Intendencia Municipal de Montevideo y la revista Cuadernos de Marcha, se realizan en la Facultad de Humanidades y Ciencias las Primeras Jornadas Rioplatenses de Literatura, de homenaje al escritor, del 27 al 29 de abril. La tarde del 30 de mayo, Onetti muere en una clínica de Madrid, ciudad en la que pasó los últimos 19 años de su vida, retirado los cinco finales, sin salir prácticamente de su cama.

sábado, 9 de agosto de 2008

Nuevo autor: Jorge Luis Borges


"He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz."

Biografía de Jorge Luis Borges

En este enlace van a ver la biografia de Borges:

http://www.youtube.com/watch?v=srsAvjSFPxM
El 23 de agosto de 1899 nace Jorge Luis Borges en Buenos Aires, hijo de Jorge Guillermo Borges y Leonor Acevedo, en la casa familiar de la calle Tucumán, entre Esmeralda y Suipacha. (Borges solía hablar de dos tradiciones heredadas de sus antepasados, una militar y otra literaria: en la primera se destacan el coronel Isidoro Suárez, bisabuelo materno que "a la edad de veinticuatro años dirigió una famosa carga de caballería peruana y colombiana que decidió la batalla de Junín" y el coronel Francisco Borges, abuelo paterno fallecido en la batalla de La Verde (1874); en la tradición literaria se encuentran el poeta romántico Juan Crisóstomo Lafinur y Edward Young Haslam, bisabuelo paterno que editó en Argentina uno de los primeros periódicos ingleses, el Southern Cross).
Infancia en Palermo En 1901, tras el nacimiento de su hermana Norah, la familia decide mudarse a una casa más amplia de Palermo, barrio en el que Borges conocerá con el paso del tiempo las andanzas de diversos compadritos que pueblan sus ficciones y decidirá su vocación literaria, promovida por el padre y la frecuentación de su amplia biblioteca "de ilimitados libros ingleses". En 1906, como su padre desconfiaba de la educación pública, Borges toma sus primeras lecciones en inglés con una institutriz británica, miss Tink. Tres años después ingresa en la escuela primaria (cuarto grado), donde soporta las burlas de sus compañeros debido a sus lentes y el cuello y la corbata estilo Eton con que lo envían a clase. Por esta época la familia pasa sus vacaciones de verano en Adrogué, pueblo cercano a Buenos Aires, o en casa de unos familiares uruguayos, los Haedo.
Jorge Guillermo Borges se jubila en 1914 y emprende con la familia un viaje a Europa para someterse a un tratamiento oftalmológico. Después de recorrer Londres y París, se establecen en Ginebra (Suiza) al no poder regresar a Argentina por el estallido de la Gran Guerra. En esta ciudad Borges cursa tres años del bachillerato en el Lycée Jean Calvin y estudia francés y alemán, idiomas que le permiten ampliar sus lecturas y descubrir entre otros a los poetas expresionistas y a importantes filósofos (Schopenhauer, Nietzsche, etc.). Poco después del fallecimiento de la abuela materna, la familia se traslada en 1919 a Lugano (Italia) y más tarde a España, donde Borges frecuenta las tertulias de Cansinos-Asséns en el café Colonial de Madrid y forma parte del movimiento ultraísta que habría de encabezar en Argentina.
Al regresar a Buenos Aires en 1921, Borges "descubre" los suburbios porteños que aparecen frecuentemente en sus primeros libros de poesía (Fervor de Buenos Aires, 1923; Luna de enfrente, 1925; Cuaderno San Martín, 1929) y comienza a publicar numerosas colaboraciones en revistas literarias y periódicos. Funda, junto a otros escritores, las revistas Prisma y la segunda época de Proa y en 1925 publica su primer libro de ensayos, Inquisiciones, al que seguirán El tamaño de mi esperanza (1927) y El idioma de los argentinos (1928), excluidos de sus Obras Completas.
Aparece en 1930 su biografía de Evaristo Carriego. En 1931 Victoria Ocampo funda la revista Sur, en la que Borges se desempeñará como colaborador desde los primeros números y publicará reseñas bibliográficas, críticas cinematógraficas, ensayos y, más adelante, poemas y cuentos. Es por esta época cuando conoce a Adolfo Bioy Casares, uno de sus más cercanos amigos, con quien firmará en colaboración numerosos libros y desarrollará diversas actividades literarias. Un nuevo libro de ensayos, Discusión, que rescatará para la posterior edición de sus Obras Completas, aparece en 1932 .Al año siguiente comienza a dirigir junto a Ulises Petit de Murat el suplemento literario del diario Crítica, la Revista Multicolor de los Sábados, donde aparecen entre 1933 y 1934 los relatos que integrarán Historia universal de la infamia (1935). Inicia en 1936 una importante serie de colaboraciones en El Hogar, donde publicará quincenalmente gran cantidad de reseñas bibliográficas, biografías sintéticas de escritores y ensayos.
En 1937 Borges consigue por recomendación de Francisco Luis Benárdez un empleo en la biblioteca municipal Miguel Cané, en Almagro Sur, donde cataloga libros y, en sus ratos libres, se dedica a leer y a escribir sus primeros cuentos. En febrero de 1938 fallece su padre después de un ataque de hemiplejía. El día de Nochebuena Borges padece un accidente que le produce una septicemia y debe ser internado; al reponerse escribe su famoso cuento "Pierre Menard, autor del Quijote", que aparece en Sur. Junto a Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo compila la Antología de la literatura fantástica en 1940 y, al año siguiente, la Antología poética argentina. En 1941 publica también su libro de narraciones El jardín de senderos que se bifurcan que, al no resultar premiado en un concurso, suscita un movimiento de desagravio al autor. Aparece en 1942 Seis problemas para don Isidro Parodi, en colaboración con Bioy Casares. Su libro Ficciones (1944), que recoge los cuentos de El jardín de senderos que se bifurcan y agrega otros bajo el título de Artificios, es premiado por la Sociedad Argentina de Escritores con el Gran Premio de Honor.
En 1946 se ve obligado a renunciar a su empleo de la biblioteca Miguel Cané tras el ascenso al poder de Juan Domingo Perón. Para obtener algunos ingresos con que sustentarse, Borges se ve obligado a dictar conferencias en Buenos Aires y, más tarde, en Uruguay y diversas provincias de Argentina. En 1949 publica El Aleph, uno de sus más importantes libros de narrativa y en 1952 sus ensayos Otras inquisiciones. Preside la SADE durante el período 1950-1953. En 1955, tras el derrocamiento del gobierno de Juan D. Perón, es nombrado Director de la Biblioteca Nacional. Ese mismo año también es nombrado miembro de la Academia Argentina de Letras. Recibe en 1956 el Premio Nacional de Literatura y un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Cuyo. En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires dicta una cátedra de literatura inglesa. Desde esta fecha los médicos oftalmólogos le prohiben la lectura y pasa a depender de su madre y un círculo de amistades que gustosamente se presta a tareas de amanuense. Con Margarita Guerrero publica en 1957 el Manual de zoología fantástica, en México.
En 1961 recibe el Premio Formentor compartido con Samuel Beckett que otorga el Congreso Internacional de Editores. Este importante galardón lo promueve internacionalmente y le ofrece la posibilidad de ser editado en numerosos idiomas. En compañía de su madre viaja por tercera vez a Europa en 1963, y ofrece conferencias en Inglaterra, Escocia, Francia, Suiza y España. En 1964 la editorial L'Herne de París publica un grueso tomo dedicado a su obra con ensayos de críticos de diversos continentes. El 21 de septiembre de 1967 se casa con Elsa Astete Millán, quien lo acompaña a Estados Unidos, donde dicta un curso en la Universidad de Harvard y conferencias en distintos ámbitos académicos. Se separa de su mujer tres años después. Durante la década del setenta publica volúmenes de poesía (El oro de los tigres, La rosa profunda, La moneda de hierro, Historia de la noche), dos libros de cuentos (El informe de Brodie y El libro de arena) y varios tomos en colaboración (¿Qué es el budismo?, Nuevos cuentos de Bustos Domecq, Breve antología anglosajona). En 1974 reúne por primera vez en un volumen sus Obras Completas, editadas por Emecé. Su madre fallece a los noventa y nueve años en 1975. Durante estos años realiza numerosos viajes alrededor del mundo generalmente acompañado por María Kodama y recibe premios y distinciones significativas (diversos doctorados Honoris Causa, la Orden Bernardo O'Higgins del gobierno chileno, las llaves de la ciudad de Bogotá, la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, la Cruz del Halcón islandesa, etc.). En 1980 firma junto a otras personalidades una "Solicitada sobre los desaparecidos" en el diario Clarín. Los conjurados, su último libro de poemas, aparece en 1985. Fallece en Ginebra el 14 de junio de 1986, poco después de haberse casado con María Kodama. Sus restos se encuentran en el cementerio de Pleinpalais.

"1964"

I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Jorge Luis Borges

viernes, 13 de junio de 2008

Frases de Kafka

"No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives."

viernes, 6 de junio de 2008

Biografía




Franz Kafka (Praga, 3 de julio de 1883 – Kierling, cerca de Klosterneuburg, Austria, 3 de junio de 1924) es uno de los escritores más importantes del siglo XX en lengua alemana. Su obra es una de las más influyentes de la literatura universal en el último siglo, a pesar de no ser muy extensa: fue autor de tres novelas (El proceso, El castillo y América), una novela corta, La metamorfosis, y un cierto número de parábolas y relatos breves. Además, dejó una abundante correspondencia y escritos autobiográficos, la mayor parte publicados póstumamente.
Gran parte de su obra fue publicada tras su muerte por su amigo y confidente,
Max Brod. Su obra es expresiva, como ninguna otra, de las ansiedades y la alienación del hombre del siglo XX. Su importancia es tal que en varias lenguas se ha acuñado un adjetivo para describir situaciones que recuerdan a las reflejadas en sus obras, como el español «kafkiano». De modo análogo ha acontecido ulteriormente con «borgiano» o «borgeano», acerca de la temática y el estilo del argentino Jorge Luis Borges, que fue precisamente traductor, admirador y devoto de la obra del escritor checo.
El crítico
Harold Bloom ha escrito sobre Kafka (1995): «Desde una perspectiva puramente literaria, ésta es la época de Kafka, más incluso que la de Freud. Freud, siguiendo furtivamente a Shakespeare, nos ofreció el mapa de nuestra mente; Kafka nos insinuó que no esperáramos utilizarlo para salvarnos, ni siquiera de nosotros mismos».

Enfermedad y muerte

Tumba de Franz Kafka en el Cementerio Judío de Praga
En sus diarios y cartas se queja frecuentemente de insomnio y dolores de cabeza. Fue un partidario de la dieta vegetariana y del naturismo.
Regresó a Praga, acudiendo posteriormente a un
sanatorio cerca de Viena para recibir tratamiento. Los problemas físicos le causaron molestias en la garganta, lo que hacía que el tragar los alimentos le resultara muy doloroso, de manera que en sus últimas semanas se alimentó principalmente de líquidos. Murió en el sanatorio el 3 de junio de 1924. Su cuerpo fue llevado a Praga, donde fue enterrado, el 11 de junio de 1924, en el Nuevo Cementerio Judío.
No hay coincidencia de pareceres sobre los más que probables trastornos psicológicos de Kafka. En sus cuadernos íntimos él habla de "demonios", "derrumbamiento", "embates", "desamparo", "persecución", "soledad", "asalto a las últimas fronteras terrenales", "agobiante observación de uno mismo" y muchas otras expresiones más que aluden a un mundo oscuro, desconcertante y desconocido. La interpretación médica que se haga de estos pasajes no dejará de ser arriesgada y sobre todo simplificadora. Kafka fue un ser atormentado y complejo, pero también, a su manera, gozó de la vida con una intensidad fuera de lo común.

Su obra

Kafka sólo publicó algunas historias cortas durante toda su vida, una pequeña parte de su trabajo, por lo que su obra pasó prácticamente inadvertida hasta después de su muerte. Con anterioridad a su fallecimiento, dio instrucciones a su amigo y albacea literario Max Brod de que destruyera todos sus manuscritos. Su amante, Dora Diamant, cumplió sus deseos pero tan sólo en parte. Dora guardó en secreto la mayoría de los últimos escritos de Kafka que conservaba, incluyendo 20 cuadernos y 35 cartas, hasta que fueron confiscados por la Gestapo, en 1933. Actualmente se halla en curso una búsqueda de los papeles desaparecidos de Kafka a escala internacional. Brod hizo caso omiso de las instrucciones de Kafka, y en su lugar supervisó la publicación de la mayor parte de los escritos que obraban en su poder.
La obra de Kafka pronto comenzó a despertar el interés del público y a obtener alabanzas por parte de la crítica, lo que posibilitó la pronta divulgación de una obra que marcaría todo el proceso posterior de la literatura del
siglo XX.
Todas sus obras publicadas, excepto varias cartas en checo dirigidas a Milena, se encuentran escritas en alemán.
En su obra, a menudo el protagonista se enfrenta a un mundo complejo, que se basa en reglas desconocidas, las cuales nunca llega a comprender. El adjetivo kafkiano se utiliza precisamente a menudo para describir situaciones similares.
Una curiosidad: En ocasiones usaba el pseudónimo de Yerba amarga, supuestamente los días de mayor hastío o desazón.

miércoles, 21 de mayo de 2008

RIMA Y MÉTRICA

Verso: es una unidad gramatical y fónica que no coincide con el concepto de enunciado. Un enunciado puede desmembrarse y configurar dos o más versos.
Estrofa: es el grupo de versos.
Copla: estrofa de 4 versos de arte mayor o menor.
Cuartera: estrofa de cuatro versos de arte menor con rima consonante abab.
Cuarteto: estrofa de cuatro versos de arte mayor con rima consonante ABBA.
Métrica: es la medida que tienen los versos y que resulta de contar el número de sílabas que tiene cada verso, considerando fenómenos tales como: la sinalefa(1)
, el hiato
Dentro de la
poesía, la métrica se ocupa de la formación rítmica de un poema. Cuando se trata de prosa, se trata de prosa rítmica. El estudio métrico comprende tres partes fundamentales: el verso, la estrofa y el poema.
Según el número de sílabas:
En la métrica española existen cuatro tipos principales de versos: los de arte menor, los de arte mayor, los compuestos de arte mayor y el versículo.
El arte menor está formado por los versos que tienen hasta ocho sílabas; el arte mayor, por el contrario, está formado por los versos que tienen nueve o más sílabas. Independientemente de estas dos clasificaciones, está el llamado
versículo, que es un verso irregular sin número fijo de sílabas y por lo general tan largo que desborda el arte mayor.
En el arte menor los versos de dos sílabas se denominan bisílabos; de tres, trisílabos; de cuatro, tetrasílabos; de cinco, pentasílabos; de seis, hexasílabos; de siete, heptasílabos; y de ocho, octosílabos. Los versos más usados del arte menor en castellano son, por este orden, el octosílabo (el verso más fácil y natural del castellano, ya que coincide con el grupo fónico menor del idioma, por lo cual ha sido usado durante toda la historia de la literatura en lengua castellana, en el
Romancero, en nuestro teatro clásico y en gran número de estrofas), el heptasílabo, el hexasílabo y el pentasílabo.
En el arte mayor, los versos de nueve sílabas se denominan eneasílabos; los de diez, decasílabos; los de once, endecasílabos; los de doce, dodecasílabos; los de trece, tridecasílabos; los de catorce, alejandrinos o tetradecasílabos, etc...
Los versos de más de once sílabas, denominados compuestos de arte mayor, poseen una
cesura interior constante o pausa fijada hacia su mitad, aunque puede haber de hecho hasta tres cesuras. Así, por ejemplo, en el tipo más común de dodecasílabo hay una cesura después de la sexta sílaba (después de la séptima en el caso del dodecasílabo de seguidilla), y, en el alejandrino, después de la séptima sílaba. Las dos mitades del verso dividido por la cesura, que pueden ser isométricas o no, se denominan hemistiquios y se miden de igual forma que si fueran versos enteros, aplicándoseles la regla que dice que si acaban en aguda se cuenta una sílaba más y si acaban en esdrújula una menos.
Quintilla: combinación de cinco versos octosílabos. La rima es abaab.
Redondilla: estrofa formada por cuatro versos octosílabos de rima consonante abba.
Serventesio: estrofa de cuatro versos endecasílabos de rima alterna ABAB.
Sextina: composición formada por seis versos endecasílabos.
Silva: composición poética formada por versos endecasílabos o por una combinación de versos endecasílabos y heptasílabos sin orden de rima o estrofas.
Terceto: estrofa de versos endecasílabos con rima consonante.
Octava real: estrofa de ocho versos de arte mayor con rima consonante ABABABCC.
Rima: es la igualdad de sonidos que tienen dos o más versos a partir de la última sílaba acentuada:
Rima consonante: se denominada cuando coinciden los sonidos vocálicos y las consonantes en los versos que riman.
Rima asonante: cuando solamente coinciden los sonidos vocálicos.
Rima abrazada: se produce cuando el esquema de la rima es abba, cddc, etc. O abba.
Rima continuada o monorrima: se produce cuando los versos de una estrofa tienen la misma rima.
Rima encadenada: se produce cuando la rima es abab. Cdcd o ABAB, CDCD, etc.
Rima gemela: se produce cuando la rima es aa,bb,dd, etc. O AA,BB,CC,DD, etc.
Lira: estrofa de tres heptasílabos y dos endecasílabos con rima consonante aBabB.
Encabalgamiento: el sentido de un verso cabalga sobre el siguiente; y así se atenúa la rigidez de ambos.
El
soneto: es una agrupación de endecasílabos que riman en consonante y distribuidos en dos cuartetos y de dos tercetos, hasta un total de catorce versos.
Pie quebrado: combinación de versos octosílabos con versos de cuatro sílabas.
Hemistiquio: mitad de un verso separado por la cesura.
Cesura: pausa en el interior de un verso que se emplea para dividirlo en dos partes.
[1]unión que existe entre dos palabras cuando una termina y la otra empieza en vocales. Se rompe una sinalefa, se denomina a esa licencia poética dialefa.
La diéresis o dialefa, es la desunión de un
diptongo, formando dos sílabas en lugar de una, como lo sería gramaticalmente.
La diéresis se indica con la colocación de dos puntos, llamados crema,
diéresis o puntos diacríticos, sobre la vocal débil, o la de menor intensidad fonética del diptongo.
Ejemplo: El süave susurro: La palabra suave tiene dos sílabas, en la primera hay un diptongo, una sola sílaba gramatical con el diptongo "ua" (sua-ve). En el verso se ha aplicado la diéresis y se ha separado el diptongo, "su/a", dando lugar a tres sílabas métricas (su-a-ve), para indicar esta licencia se ha colocado el signo correspondiente, dos puntos o diéresis; así, este verso tiene 6 sílabas gramaticales, pero 7 sílabas métricas.
La dialefa propiamente dicha es cuando se rompe la sinalefa. Por ejemplo, si en vez de la es-cue-la (tres sílabas) se pronuncia la-es-cue-la (cuatro sílabas).

ALGUNOS RECURSOS:

Aliteración: repetición de una misma letra o del mismo sonido o grupo de sonidos en una oración.
Metáfora: (metaphor) figura retórica por la cual se traslada el sentido de una palabra a otra mediante una comparación mental.
Metonimia: figura de retórica que consiste en designar una cosa con el nombre de otra cuando están ambas reunidas por alguna relación.
Mimesis: imitación.
Personificación- atribución de cualidades o actos propios de los seres humanos a los objetos inanimados.
Anáfora: repetición de una palabra o frase al principio de dos o más versos u oraciones.
Antítesis: expresión de ideas contrarias.
Hipérbaton: alteración del orden de la colocación natural de las palabras en una oración.
Hipérbole: exageración al aumentar o disminuir desproporcionalmente las cualidades, acciones, descripciones, etc.
Sinécdoque: figura retórica que consiste en tomar una parte por el todo o el todo por una parte.
Asíndeton: Es lo contrario del Polisíndeton. Recurso que consiste en omitir las conjunciones para darle mayor fuerza a la frase. Ej. ¡Anda, corre, vuela...!

lunes, 19 de mayo de 2008

Análisis del monólogo primero de "Fausto"

Ya habíamos caracterizado el monólogo como modalidad teatral en los fragmentos estudiados de Romeo y Julieta. Por lo tanto, convendrá tomar como punto de partida otros aspectos estructurales como la ambientación, la configuración de la etopeya en relación a Fausto como protagonista, y los núcleos temáticos presentes. Lo primero que nos indica el discurso acotacional es lo siguiente: De noche. Habitación gótica, estrecha y de bóveda elevada; en ella se ve a Fausto sentado en un sillón delante de su pupitre. A partir de estas coordenadas espaciotemporales van definiéndose una serie de detalles que importan a la estética “stürmer” y que influenciará enormemente en el arte occidental contemporáneo. Para empezar, la presencia de la noche: en contraposición al día, sabemos que es el símbolo de la oscuridad misteriosa, de lo irracional, de lo inconsciente y de la muerte. Se le podría agregar, por otro lado, algunas observaciones que Oswald Spengler (1880-1936, filósofo alemán) realiza al respecto, afirmando que “la noche nos da alma, mientras que el día nos da cuerpo”, o sea, se transforma -literariamente hablando- en una alegorización de lo que se conoce por interioridad frente a la preeminencia de la exterioridad del mundo físico con toda su materialidad. La valoración establecida por la poética (pre)romántica, durante los siglos XVIII y XIX, plantea la noche como un momento en que el hombre se enfrenta a sus propias dudas, a la angustia que define su existencia ante la necesidad de buscarle algún sentido, hecho que se evidencia en la lectura del texto (“sé más que todos cuantos necios, doctores, maestros, clérigos y monjes se conocen; ningún escrúpulo, ninguna duda me atormenta; nada temo de todo aquello que causa a los otros más espanto, y merced a esto mismo, no hay para mí esperanza ni placer alguno. Siento que todo lo que sé carece de importancia; siento que no puedo enseñar a los hombres cosa alguna que pueda convertirlos o hacerlos mejores”).De allí que la noche nos revele entonces lo profundo, lo esencial, de la naturaleza humana, mientras el día tan sólo ofrece la superficie de las cosas. Significado propio de una estética dieciochesca que reaccionó ante los abusos de una ciencia enciclopedista inoperante y estrecha, como ante la Revolución Francesa que, basada en los preceptos de la racionalidad, degeneró en una práctica política sangrienta y persecutoria. Las tinieblas y la oscuridad del Sturm und Drang proponen simbólicamente una vía alternativa del conocimiento (la inmersión en lo intuitivo, el ensueño, el arte) ante un siglo de las Luces que destierra todo aquello que no sea comprensible desde el ámbito de la lógica y la ciencia. Sabemos que la historia, al igual que la filosofía y el arte, también se alimenta de metáforas: la luz, imagen recurrente ya en algunos escritos de Aristóteles, no es más que el criterio rector del pensamiento y de la conducta del hombre. Ampliando un poco más su sentido, la época de la Ilustración toma a “las Luces” (así, en plural) como la claridad de la crítica racional llevada en todos los campos posibles del saber y considerada como criterio rector del pensamiento y de la conducta humana. Pero esa claridad no explica nada, es artificial y hueca en cuanto toca nuestra dimensión más íntima. Baader, poeta y filósofo contemporáneo de Goethe, afirmaba que la vida comienza por encontrarse en un estado de combustión sombría, de angustia sorda y que debe atravesar un purgatorio para llegar a la verdadera luz. Una posición similar a la del místico alemán Böehme al afirmar éste que, tanto en el hombre como en Dios, existe la prioridad de la noche y esta última se caracteriza por el deseo, la inquietud, el ardor, la búsqueda, detrás de lo cual hay una deficiencia, un sufrimiento. El deseo para Böehme es “Qual” (cualidad), pero no llega a ser estática, sino que es potencia, fuerza que mueve a actuar. Calificar es hacer, crear. Böehme, en sus juegos de palabras, aproxima “Qual” a “Quellen” (fuente) y “Quaal”, que significa tortura, sufrimiento, furor, ira. El Deseo es el acceso a una forma superior de conocimiento, a la vez que como fuente única de la naturaleza. El deseo aparece así instalado en el centro mismo del ser. Es una fuerza devorante, siempre insaciada; deja de existir cuando se devora a sí misma, describiendo la eterna rueda. Se abrasa en su movimiento y este fuego es la vida, la vida hecha de un morir constante y de una victoria sobre ese morir. El gran deseo es huir de sí; el alma busca escaparse, librarse de sí misma o de todo lo que la encierra, como puede ser la ignorancia de su propia esencia. No en vano Fausto propone en su monólogo un problema de carácter epistemológico: “No tengo, por otra parte, bienes, dinero, honra ni crédito en el mundo; ni un perro podría soportar la vida en tales condiciones; por esto me he entregado a la magia. ¡Ah! ¡Si por la fuerza del espíritu y de la palabra me fuesen revelados ciertos misterios! ¡Si no me viese por más tiempo obligado a sudar sangre y agua para pedir lo que ignoro! ¡Si me fuese dado saber lo que contiene el mundo en sus entrañas y presenciar el misterio de la fecundidad, no me vería, hasta aquí, obligado a hacer un tráfico de palabras vacías de sentido!”Las frases exclamativas hacen recordar ciertos aspectos discursivos de Romeo y Julieta, especialmente lo que concierne a la clasificación de los monólogos en líricos y reflexivos: hemos visto en clase que el parlamento de Fausto comparte características de ambas modalidades, pues se expresan no sólo emociones (el desencanto, la rebelión, la insatisfacción) sino también una posición filosófica. Ahora bien, las palabras que se han citado más arriba son las de un sabio que ha llegado a la ciencia suprema de conocer la inutilidad de toda ciencia. También observa que de todas las disciplinas estudiadas con tanto ardor, la que más daño le ha hecho es la teología, que, como ciencia de Dios, pretende ser vanamente un saber absoluto y que, al mostrarle los límites infranqueables del conocimiento, le ha mostrado además los límites ontológicos de lo humano, los abismos que separan al hombre de la Divinidad. Fausto, al igual que Sócrates, sabe que “nada logramos saber”. Pero mientras Sócrates encuentra un seguro punto de apoyo y equilibrio en la conciencia irónica de la propia ignorancia, Fausto se desespera y se atormenta, porque, para él, lo que no es todo no es nada: “¿En dónde podré asirte, naturaleza infinita? Y vosotros, senos, manantiales fecundos de toda vida, de los que están suspendidos el cielo y la tierra, hacia los que vuelve el angustiado pecho... vosotros brotáis a torrentes, fecundáis el mundo, ¿y yo me consumo en vano?”. Como se habrá observado, estas interrogaciones retóricas nos deja aquí frente a la unión de la Sehnsucht, que indica la melancolía existencial provocada por un deseo, perennemente insatisfecho, con el individualismo titanista. Recuérdese que Goethe estaba convencido de que sólo la destrucción de las formas consagradas podía libertar las voluntades y abrir acceso a la plenitud de la vida. Por encima del intelecto (o sus dominios, como la ciencia y sus manifestaciones academicistas) estaban la imaginación, el sentimiento y la acción (elementos propios de la magia, pero también de la poesía de neto corte romántico). El mundo se transforma en un conjunto de infinitas posibilidades y de riquezas inagotables. La vida es digna de ser vivida por el solo hecho de ser vida. Las fuerzas vitales que mueven y actúan en el universo se condensan en poderosas individualidades. Cada persona tiene derecho a su individualidad y tiene el deber de desarrollarla. Es así que cumple con su función creadora y enriquece la creación misma.Goethe creía poder entender la vida a través de la idea de la personalidad. El gran personaje, el genio creador, era meta y sentido de la humanidad y de la historia. El genio era la expresión máxima de lo humano. En el gran personaje, la humanidad expresaba su ser propio. Fausto es uno de esos genios: comprende sus limitaciones y se propondrá la superación de sí mismo aunque sea rompiendo con lo establecido o lo que se considera infranqueable. Recuérdese también el sentido del titanismo goetheano. El Titán personifica la divinización del hombre y de la Naturaleza; él contiene a Dios o se enfrenta a Dios, y su fuerza, que se destaca por la fecundidad y la creación, descansa en la afirmación de sí mismo. Todos los héroes representativos de este período tienen el gesto de la rebelión y la exuberancia de su yo que desborda los límites de la razón y de la moral. Esta rebelión y esta exuberancia pueden estar marcadas por el signo de la salud heroica, o sea, surgen de una individualidad que no se conforma con algo menos que lo Absoluto: quiere que su propia vida sea toda la vida y su propio ser el Ser en sí. En otros términos, el titanismo significa la apoteosis del Yo, de la individualidad que no admite límites ni condiciones para el libre desenvolvimiento y la libre expresión de una existencia personal que busca fundirse a la existencia entera. Fausto se siente superior a los supuestos sabios de su tiempo, carece de escrúpulos y de dudas y no teme ni al infierno ni al diablo, y es por eso mismo un desdichado que ha perdido todos los goces de la vida y al que sólo le queda el hastío de la ciencia y el tedio del saber. Esta es la razón por la cual el filósofo y el científico decide convertirse en un mago que pretende conocer, con el auxilio de las fuerzas sobrenaturales, los últimos misterios de la naturaleza. Piénsese además que las relaciones entre la unidad secreta de la naturaleza y la multiplicidad sensible de las cosas ha sido uno de los problemas que más apasionaron a Goethe durante toda su vida. Su pensamiento panteísta buscaba la unidad divina de la sustancia universal y su sensibilidad poética se complacía en la infinita multiplicidad de los seres. Lo uno no debe excluir lo múltiple, y lo múltiple debe coincidir en lo uno.En otros términos, cuando vemos que Fausto es un buscador de lo absoluto, significa que no se conforma con sucedáneos, con lo meramente parcial, con lo empírico. Se intenta no tropezar con la opción ya que ella implica alternativa y sacrificio. Y la salida que encuentra es el mundo de lo posible, al cual coloca por encima de lo real, porque de esa manera el sacrificio (y su carga implícita de sufrimiento) se desvanece. El romántico -al igual que el stürmer- pretende apartar de sí mismo un rasgo que está en la propia esencia de la existencia misma: la alternativa. Pero como en el fondo no acepta los límites de ésta, como quiere alcanzar un plano en el cual los dilemas no existan, busca eludirla, busca poder todo, llegar a un estado de trascendencia que lo libere de las limitaciones que su entorno hace caer sobre él. Por eso la importancia simbólica del espacio que el discurso acotacional indica al inicio de nuestro texto: Habitación gótica, estrecha y de bóveda elevada. Histórica y arquitectónicamente hablando, el gótico se refiere a un período artístico desarrollado en los siglos XII al XVI. El término procede del renacimiento, creado por Vassari como sinónimo de bárbaro, en oposición al orden clásico greco-romano que había sido tomado como modelo de perfección. El sentido despectivo perdura hasta finales del siglo XVIII, en que el Sturm und Drang (y más tarde los románticos británicos y franceses) revalorizan el arte medieval. La esencia de lo gótico tiene un sentido místico de elevación. Las catedrales góticas, que Goethe ya había descrito en algunos de sus escritos autobiográficos, trabajan con el adelgazamiento de las figuras y las líneas, como si el límite de las formas se perdiese en el infinito, al igual que las ojivas y las agujas de las torres de esa modalidad arquitectónica que tienden, precisamente, a dar una idea de avidez, de esa sed de infinito que habita en la psicología humana. O sea, el goticismo como nota del alma fáustica es muy importante.Por otro lado, la revalorización de esa estética medieval propició el surgimiento de una nueva ambientación dramática y narrativa que, a su vez, Goethe explota perfectamente. Nunca olvidemos que el renacimiento del gótico fue la expresión emocional y filosófica de la reacción contra el pensamiento dominante de la Ilustración, según el cual la humanidad podía alcanzar, mediante la razón, el conocimiento verdadero y la síntesis armoniosa, obteniendo así felicidad y virtud perfectas. Los filósofos de la Ilustración trataron de eliminar los prejuicios, errores, supersticiones y miedos que, según ellos, habían sido fomentados por un clero egoísta en apoyo de los tiranos. Sin embargo, sus teorías sobre el conocimiento, la naturaleza humana y la sociedad también habían propiciado resultados similares (piénsese tan sólo por qué -y ante qué- el Sturm und Drang y el Romanticismo surgieron). Claro, no todos los pensadores defendían el racionalismo tan vehementemente. La generalización de que el siglo XVIII fue la Edad de la Razón en la cual la felicidad humana dependía del dominio de la pasión y de las normas establecidas y seguras descansa en la otra “media verdad”, según la cual la humanidad también está constituida por las pasiones y el terror. A pesar de las ideas dominantes de orden y sobriedad, la afición por el exceso gótico pronto captaría el interés de los intelectuales británicos. Desde esta afición creció una escuela de literatura gótica, frecuentemente derivada de modelos alemanes. La sucesión de poemas, narraciones y obras de teatro que proliferaron entre 1765 y 1820, con un nuevo brote a través de la era victoriana (especialmente en las décadas que van de 1870 a 1890) estableció una iconografía que todavía nos es familiar por medio del cine y del movimiento “dark” de los años ochenta del siglo XX: cementerios abandonados, húmedas criptas, paisajes escarpados y castillos prohibidos habitados por heroínas perseguidas, villanos satánicos, hombres locos, mujeres fatales, vampiros y hombres lobos, vastos bosques oscuros de vegetación excesiva, lugares en ruinas, solitarios y espantosos que subrayan así los aspectos más grotescos y macabros, reflejo de un subconsciente convulso y desasosegado. En Fausto, para ser más específicos, aparecen ciertas descripciones afines que el monólogo destaca en la totalidad de su conjunto: “¿Hasta cuándo, ¡ay de mí!, tendré que consumirme en este calabozo? Miserable agujero de una pared tenebrosa, en el que sólo a duras penas puede penetrar una grata luz del cielo, y en el que, por todo horizonte, descubro este montón de libros roídos por los gusanos, y legajos de papel empolvados que llegan hasta el techo. ¡No veo en torno mío más que vidrios, cajas, instrumentos carcomidos, única herencia de mis antepasados! (...) ¿por qué vives entre el humo y la carcoma; por qué en lugar de la naturaleza animada en que Dios creó al hombre, no tienes en tu derredor más que huesos de animales y esqueletos humanos?”En ese interregno Fausto se dirige a la luna por medio de una perífrasis metafórica, cuya luz despierta en él la nostalgia de la naturaleza. Esta nostalgia romántica es inseparable del sentimiento de fracaso metafísico del hombre; la tragedia del conocimiento supone la tragedia de la existencia entera. En el deseo de olvidar lo que la civilización le inculcó, para poder convivir libremente con las criaturas naturales y divinas que se agitan en el universo, late el anhelo de olvidarse de sí mismo. La plenitud sería, así, una forma de olvido. Allí afuera, donde reina la luna, está la vida libre que se abandona, gozosa, a la embriaguez de la existencia: “Reina de la noche, dígnate dirigir tu última mirada sobre mi miseria, ya que tantas veces, después de medianoche, me has visto velar en este pupitre. Siempre te me aparecías, entonces, pobre amiga mía, sobre un montón de libros y papeles. ¡Ah! Si me fuese dado ahora vagar a tu dulce resplandor por las altas montañas, flotar en las grutas profundas con los espíritus, danzar a la hora de tu crepúsculo en las praderas y, libre de todas las angustias de la ciencia, poder bañarme rejuvenecido en tu fresco rocío!”. Aquí adentro, en el sombrío gabinete de estudio, sólo reina la muerte y se amontona la historia ruinosa del pensamiento humano. Como le es imposible volver atrás sin desandar lo andado, Fausto se lanza hacia delante e intenta huir “audaz, al espacio” de la naturaleza, trascendiendo la ciencia por el camino de la magia. Por el mismo Macrocosmos, Fausto obtiene lo que las ciencias naturales no podían darle: la contemplación directa de los arcanos de la naturaleza incansablemente activa. Y ante esa revelación grandiosa se siente asaltado por la más vieja tentación del hombre: “¿Soy acaso un dios? Todo se me hace tan claro”. Vale agregar que la relación entre el macrocosmos, o sea el mundo, y el microcosmos, o sea el animal y a veces el hombre, es un antiguo tema filosófico nacido de la tendencia a interpretar todo el universo a base de ese universo menor que es el hombre mismo. Aristóteles exponía este principio de interpretación, a propósito de la posibilidad del movimiento autónomo, de la siguiente manera: “Si esto es posible en el animal, ¿qué es lo que impide que ocurra también en el mundo? Si ocurre en el microcosmos, puede suceder también en el macrocosmos y si es así puede suceder también en el infinito, ya que es posible que éste se mueva o esté en quietud en su totalidad”. Ahora bien, ésta es una objeción que Aristóteles se dirige a sí mismo y que refuta para afirmar algunos planteos de su sistema, o sea que la relación entre microcosmos y macrocosmos no es, por lo tanto, un principio en que se apoye el pensador griego aunque sí lo era como fundamento de la cosmogonía órfica y, más precisamente, de la doctrina que enuncia que el mundo ha nacido de un huevo y, en efecto, ha nacido de un huevo porque es un animal. Platón mismo, en el diálogo “Timeo”, lo denominó de esa manera pues considera que el mundo en sí es poseedor de alma y de inteligencia.La relación entre microcosmos y macrocosmos fue y será uno de los temas preferidos por la literatura mágica. ¿Por qué? Porque la magia pretende dominar al mundo natural encantándolo o domesticándolo como se hace con un animal, y su supuesto es precisamente éste, o sea que el mundo es un animal y que todos sus aspectos pueden controlarse mediante procedimientos que se dirigen a ellos como actividades vivientes. De allí que la relación microcosmos-macrocosmos haya sido, por lo tanto, uno de los temas obligados de la magia. En el Renacimiento, el alquimista Cornelio Agrippa (de quien se dice fue amigo de Fausto) afirmó que el hombre recoge en sí todo lo diseminado en las cosas y que esto le permite conocer la fuerza que tiene atado al mundo y servirse de ella para realizar acciones milagrosas. Tal idea es lo que nos hace pensar que lo que más caracteriza a la Divinidad y a la criatura hecha a su imagen y semejanza no es la contemplación de la acción, sino la actividad creadora. Por eso Fausto no se conforma con ser un espectador del Universo y desde la cumbre de su entusiasmo vuelve a caer bruscamente en la desesperación: “¡Qué espectáculo! Pero, ¡ah!, no es más que un espectáculo”. Por eso se debate en lo que es el dejar de lado el conocimiento inútil, enciclopédico, descriptivo, y opta por la vivencia del misterio como camino para entrar en una comunicación más directa -o en una más segura posesión- de la realidad o de lo absoluto, aspecto romántico por excelencia de un personaje que se volvió significativo por su profunda complejidad psicológica.

Poema "El ALBATROS" en Francés





L'Albatrosde Charles Baudelaire (Les fleurs du mal)


Souvent, pour s'amuser, les hommes d'équipage

Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.


A peine les ont-ils déposés sur les planches,

Que ces rois de l'azur, maladroits et honteux,

Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches

Comme des avirons trainer á coté d'eux.


Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!

Lui, naguére si beau, qu'il est comique et laid!

L'un agace son bec avec un brûle-gueule,

L'autre mime, en boitant, l'infirme qui volait!


Le Poête est semblable au prince des nuées

Qui hante la tempête et se rit de l'archer;

Exilé sur le sol au milieu des huées,

Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.

domingo, 11 de mayo de 2008


"Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse." Charles Baudelaire

Biografía de Baudelaire

(París, 1821-id., 1867) Poeta francés. Huérfano de padre desde 1827, inició sus estudios en Lyon en 1832 y los prosiguió en París, de 1836 a 1839. Su padre adoptivo, el comandante Aupick, descontento con la vida liberal y a menudo libertina que llevaba el joven Baudelaire, lo envió en un largo viaje a las Antillas entre 1841 y 1842 (según algunas fuentes, podría haber llegado también a la India). De regreso en Francia, se instaló de nuevo en la capital y volvió a sus antiguas costumbres desordenadas. Empezó a frecuentar los círculos literarios y artísticos y escandalizó a todo París con sus relaciones con Jeanne Duval, la hermosa mulata que le inspiraría algunas de sus más brillantes y controvertidas poesías. Destacó pronto como crítico de arte: el Salón de 1845, su primera obra, llamó ya la atención de sus contemporáneos, mientras que su nuevo Salón, publicado un año después, llevó a la fama a Delacroix (pintor, entonces, todavía muy discutido) e impuso la concepción moderna de la estética de Baudelaire. Buena muestra de su trabajo como crítico son sus Curiosidades estéticas, recopilación póstuma de sus apreciaciones acerca de los salones, al igual que El arte romántico (1868), obra que reunió todos sus trabajos de crítica literaria. Fue así mismo pionero en el campo de la crítica musical, donde destaca sobre todo la opinión favorable que le mereció la obra de Wagner, que consideraba como la síntesis de un arte nuevo. En literatura, los autores Hoffmann y Edgar Allan Poe, del que realizó numerosas traducciones (todavía las únicas existentes en francés), alcanzaban, también según Baudelaire, esta síntesis vanguardista; la misma que persiguió él así mismo en La Fanfarlo (1847), su única novela, y en sus distintos esbozos de obras teatrales. Comprometido por su participación en la revolución de 1848, la publicación de Las flores del mal, en 1857, acabó de desatar la violenta polémica que se creó en torno a su persona. Los poemas (las flores) fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y su autor fue procesado. Sin embargo, ni la orden de suprimir seis de los poemas del volumen ni la multa de trescientos francos que le fue impuesta impidieron la reedición de la obra en 1861. En esta nueva versión aparecieron, además, unos treinta y cinco textos inéditos. El mismo año de la publicación de Las flores del mal, e insistiendo en la misma materia, emprendió la creación de los Pequeños poemas en prosa, editados en versión íntegra en 1869 (en 1864, Le Figaro había publicado algunos textos bajo el título de El esplín de París). En esta época también vieron la luz los Paraísos artificiales (1858-1860), en los cuales se percibe una notable influencia de De Quincey; el estudio Richard Wagner et Tannhäuser à Paris, aparecido en la Revue européenne en 1861; y El pintor de la vida moderna, un artículo sobre Constantin Guys publicado por Le Figaro en 1863. Pronunció una serie de conferencias en Bélgica (1864), adonde viajó con la intención de publicar sus obras completas, aunque el proyecto naufragó muy pronto por falta de editor, lo que lo desanimó sensiblemente en los meses siguientes. La sífilis que padecía le causó un primer conato de parálisis (1865), y los síntomas de afasia y hemiplejía, que arrastraría hasta su muerte, aparecieron con violencia en marzo de 1866, cuando sufrió un ataque en la iglesia de Saint Loup de Namur. Trasladado urgentemente por su madre a una clínica de París, permaneció sin habla pero lúcido hasta su fallecimiento, en agosto del año siguiente. Su epistolario se publicó en 1872, los Journaux intimes (que incluyen Cohetes y Mi corazón al desnudo), en 1909; y la primera edición de sus obras completas, en 1939. Charles Baudelaire es considerado el padre, o, mejor dicho, el gran profeta, de la poesía moderna.

MAL DEL SIGLO

«El mal del siglo» es expresión ya canónica para designar la crisis radical de creencias y valores que conmueve a la conciencia europea en el fin del siglo XIX. Un sentimiento profundo de decadencia, de cansancio y hastío, penetra en todas las esferas de la vida. En él entran muy diversos fenómenos: el quebrantamiento del orden social, el agotamiento del liberalismo, el desencantamiento del mundo, la decepción de la ciencia, la fatiga del racionalismo... Es el malestar de la cultura ilustrada cuando, después de haber destruido críticamente las bases de la metafísica y de la religión tradicional, descubre su impotencia para dar respuesta satisfactoria a las nuevas demandas de sentido. En esta coyuntura se reaviva el conflicto endémico a la cultura occidental entre Ilustración y Romanticismo, pero ahora los contendientes se afrontan en un clima de decadencia: una Ilustración deficiente y alicorta, reducida a mero positivismo, incapaz de elevarse a un modelo integral de racionalidad libra batalla con un Romanticismo desfalleciente, sin bríos para crear una nueva constelación simbólica, que diera sentido y orientación a la vida. La clave decisiva para entender esta crisis reside en el nihilismo como experiencia general del sin-sentido. En este contexto se inscribe la generación finisecular española, cuya forma mentis -idealismo moral, esteticismo, egotismo, misticismo-, analizan minuciosamente los presentes ensayos de historia intelectual.

Romanticismo francés


Artículo principal: Literatura del Romanticismo en Francia
El Romanticismo francés tuvo su manifiesto en Alemania (1813), de Madame de Staël, aunque el gran precursor en el siglo XVIII fue Jean-Jacques Rousseau, autor de Confesiones, Ensoñaciones de un paseante solitario, el Emilio, Julia, o La Nueva Eloísa y El contrato social, entre otras obras.
En el siglo XIX sobresalieron
Charles Nodier, Víctor Hugo, Alphonse de Lamartine, Alfred Victor de Vigny, Alfred de Musset, George Sand, Alexandre Dumas (tanto hijo como padre), entre otros; son los mayores representantes de esta estética literaria.

Características

El Romanticismo es una reacción contra el espíritu racional e hipercrítico de la Ilustración y el Clasicismo, y favorecía, ante todo:
La conciencia del Yo como entidad autónoma y fantástica
La primacía del Genio creador de un Universo propio.
La supremacía del sentimiento frente a la razón neoclásica.
La fuerte tendencia nacionalista.
La del
liberalismo frente al despotismo ilustrado.
La de la originalidad frente a la tradición clasicista.
La de la creatividad frente a la imitación neoclásica.
La de la obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y cerrada.
Es propio de este movimiento:
Un gran aprecio de lo personal, un
subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental y al carácter nacional o Volksgeist, frente a la universalidad y sociabilidad de la Ilustración en el siglo XVIII; en ese sentido los héroes románticos son, con frecuencia, prototipos de rebeldía (Don Juan, el pirata, Prometeo) y los autores románticos quebrantan cualquier normativa o tradición cultural que ahogue su libertad, como por ejemplo las tres unidades aristotélicas (acción, tiempo y lugar) y la de estilo (mezclando prosa y verso y utilizando polimetría en el teatro), o revolucionando la métrica y volviendo a rimas más libres y populares como la asonante.
Igualmente, una renovación de temas y ambientes, y, por contraste al Siglo de las Luces (Ilustración), prefieren los ambientes nocturnos y luctuosos, los lugares sórdidos y ruinosos (siniestrismo); venerando y buscando tanto las historias fantásticas como la
superstición, que los ilustrados y neoclásicos ridiculizaban.
Un aspecto del influjo del nuevo espíritu romántico y su cultivo de lo diferencial es el auge que tomaron el estudio de la literatura popular (
romances o baladas anónimas, cuentos tradicionales, coplas, refranes) y de las literaturas en lenguas regionales durante este periodo: la gaélica, la escocesa, la provenzal, la bretona, la catalana, la gallega, la vasca... Este auge de lo nacional y del nacionalismo fue una reacción a la cultura francesa del siglo XVIII, de espíritu clásico y universalista, dispersada por toda Europa mediante Napoleón.
El Romanticismo se expandió también y renovó y enriqueció el limitado lenguaje y estilo del
Neoclasicismo dando entrada a lo exótico y lo extravagante, buscando nuevas combinaciones métricas y flexibilizando las antiguas o buscando en culturas bárbaras y exóticas o en la Edad Media, en vez de en Grecia o Roma, su inspiración.
Frente a la afirmación de lo racional, irrumpió la exaltación de lo instintivo y sentimental. "La belleza es verdad".
Evocación del pasado. Se alejaron de la realidad evadiendo el tiempo. Predominaron en ellos los sentimientos de tristeza, melancolía, amor a la soledad, escenarios lúgubres, descontento.
Deseo de libertad del individuo, de las pasiones y de los instintos que presenta "el yo", subjetivismo e imposición del sentimiento sobre la razón.
En consonancia con lo anterior, y frente a los neoclásicos, una mayor valoración de todo lo relacionado con la
Edad Media, frente a otras épocas históricas.

Romanticismo

El Romanticismo es un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, dándole importancia al sentimiento. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable. Debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo es que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación se desarrollan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes.
Se desarrolló fundamentalmente en la primera mitad del
siglo XIX, extendiéndose desde Inglaterra a Alemania. Después a Francia, Italia, Argentina, España, México, etc. Su vertiente literaria se fragmentaría posteriormente en diversas corrientes, como el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo o el Prerrafaelismo, reunidas en la denominación general de Postromanticismo, una derivación del cual fue el llamado Modernismo hispanoamericano. Tuvo fundamentales aportes en los campos de la literatura, el arte y la música. Posteriormente, una de las corrientes vanguardistas del siglo XX, el Surrealismo, llevó al extremo los postulados románticos de la exaltación del yo.

Biografía de Goethe


Goethe nació en Frankfurt am Main dentro de una familia de clase media. Su padre, Johann, se retiró de la vida pública y educó a sus hijos él mismo. La autobiografía de seis volúmenes de Goethe, Aus meinem Leben: Dichtung und Warheit (1811-22, traducido como Memorias de Goethe, 1824) recuerda sus experiencias como caóticas, pero ésto pudo haber sido posiblemente lo que ayudó a su mente sintetizante.
A la edad de 16 años, Goethe comenzó sus estudios en la universidad de Leipzig, entonces un centro cultural líder. Aquí el escribió sus primeros poemas y ejecuciones. En 1770 en la universidad de Strasbourg vino bajo la influencia de Johann Gottfried von Herder, quien lo introdujo a los trabajos de Shakespeare. En 1771, Goethe recibió una licenciatura en leyes en Strasbourg y durante los siguientes 4 años practicó leyes con su padre y escribió dos trabajos que lo llevaron a la celebridad literaria. En 1775 fue invitado a la corte ducal de Karl August en Saxe-Weimar, donde mantuvo numerosas oficinas (1775-86) y pasó la mayor parte de su vida. Durante sus primeros años ahí también escribió bellos y misteriosos líricos a Charlotte von Stein, una mujer casada 7 años más grande que él.
Durante un viaje de 2 años a Italia (1786-88), Goethe reconoció que era un artista y resolvió dedicarse el resto de su vida a la escritura. La decisión no prometía ser alguien feliz al principio; su regreso a Weimar estuvo seguido por años de enajenación de la sociedad de la corte. Muchos de sus amigos se ofendieron porque vivió con la joven Christiane Vulpius, quien le dio un hijo en 1789. Para legitimar este niño, Goethe se casó con Christiane en 1806.
Goethe pasó mucho de su tiempo cerca de Jena y desde 1784 hasta 1805 desarrolló una intensa colaboración con Federico Schiller, una unión que muchos juzgan como una cumbre en letras Germánicas. Sin embargo, la problemática decisión de Goethe de salir de la vida pública lo llevó a sus más importantes avances científicos y literarios. Los poderes creativos de Goethe persistieron a través de sus años sesenta y setenta, y murió en Weimar a la edad de 82 años.

Casa de Goethe

Fausto

Monumento a Goethe en Leipzig
La mejor obra dramática de Goethe es sin duda el Fausto, que ha pasado a ser una obra clásica de la Literatura Universal. La primera versión, el Urfaust o Fausto original, estaba acabada en 1773. Pero el autor la siguió retocando en 1790; ya en abril de 1806 estaba completo, pero las guerras napoleónicas demoraron dos años la publicación hasta 1808; la segunda parte sólo sería publicada en 1833, un año después del fallecimiento del autor. La primera parte de esta compleja tragedia se articula en torno a dos centros fundamentales; el primero es la historia de cómo Fausto, fatigado de la vida y decepcionado de la ciencia, hace un pacto con el diablo que le devuelve la juventud a cambio de su alma; el segundo es la historia de amor entre Fausto y Gretchen, que Mefistófeles manipula de forma que Fausto llegue al homicidio -mata al hermano de su amada- y Gretchen tenga un embarazo indeseado, que le conduce primero al infanticidio y luego a ser ejecutada por asesinar a su hijo.
La historia de Fausto se inspira, como muchas
leyendas, en hechos ciertos. Existió un tal Johann Faust que nació hacia 1490 en el sur de Alemania y se doctoró en la Universidad de Heidelberg en 1509. Tras dejar la universidad, emprendió una vida de aventuras marcada por una huida constante a causa de las múltiples acusaciones de brujería que se le hicieron. Dejó una biblioteca que incluía libros de medicina, matemáticas y magia negra. Esta pintoresca vida dio origen a la leyenda popular, aprovechada por autores de piezas de títeres y marionetas y había servido además para inspirar leyendas populares. El primer libro sobre este mito se editó en 1587 por parte de Johannes Spiess, quien , en su prólogo, advirtió que había omitido referir fórmulas mágicas para evitar que quienes tuvieran el libro fueran acusados de brujería. Otros libros y libretos teatrales trataron el tema del pacto con el diablo para lograr el dominio sobre la naturaleza: en el teatro de títeres de los siglos XVI y XVII, la historia se cerraba siempre con los demonios llevándose a Fausto, pero Goethe alteró este argumento haciendo que se salvara Gretchen al final de la primera parte, anticipando la salvación de Fausto al término de la segunda, cuando los demonios que quieren llevarse su alma tienen que retirarse ante la llegada de una legión de ángeles. Además Goethe cambia el impulso que mueve a Fausto: el deseo que lo acercaba a la brujería no es codicia, maldad o vagancia, sino el ansia de saber, el deseo de grandeza, de plenitud, de totalidad. La moraleja que acaso tenga la obra será que ese deseo de conocimiento conlleva la miseria moral.
Sturm und Drang

El movimiento Sturm und Drang (tormenta e ímpetu) señala el comienzo de una de las épocas más notables de la literatura alemana, que se sitúa por delante de las que hasta entonces habían sido sus modelos: Inglaterra y Francia. En Alemania, la Ilustración entra en crisis hacia 1770, cuando la ciencia vuelve a ceder puestos ante la religión; la reflexión, ante el instinto y el impulso; la razón, ante la intuición y la imaginación. Renace el ideal clásico de Humanitas como equilibrio armónico entre intelecto y sentimientos. Esta nueva visión se va a ir desarrollando a lo largo de tres etapas: la que ahora nos ocupa, el clasicismo y el romanticismo. El Sturm und Drag aparece como un movimiento de desafección hacia los convencionalismos de todo tipo cuyos protagonistas van a ser los jóvenes, ante la debilidad y conservadurismo que muestra la burguesía germana. Influido por Rousseau, Mac Pherson y las recientes traducciones de Shakespeare, sus lemas son: naturaleza, genio, originalidad. No reconoce ninguna ley por encima de la conciencia individual y su producto más peculiar es el drama, hasta el punto de considerarse al movimiento el creador del teatro nacional en Alemania. Los estímulos principales para el Sturm und Drag provienen de Hamann y de su discípulo Herder, creador de la corriente más importante dentro del movimiento y el maestro de una de sus figuras esenciales: Goethe (1749-1832). Ambos se conocieron en Estrasburgo, ciudad donde éste estudiaba y donde escribió Götz von Berlichingen (1773), primer drama importante de la nueva escuela literaria. En él se dejan ver ya los rasgos que caracterizarán a este tipo de obras en el futuro: subordinación de las consideraciones formales al dibujo de los caracteres y presentación de grandes figuras dominadas, a imitación de las shakesperianas, por gigantes pasiones. Al año siguiente publicará la primera novela que le da fama mundial, Los sufrimientos del joven Werther, cuyo protagonista vive y acaba de la misma manera que muchos jóvenes de la época. Junto a Goethe, la otra gran figura del movimiento será Schiller (1759-1805), escritor de cabeza clara y espíritu apasionado. Su obra Los bandidos (1781), con la que pone en escena la doctrina roussoniana sobre el hombre natural, introduce al drama en una nueva fase al adaptarse mejor que su predecesor a las exigencias del teatro. Al igual que todas las rebeliones terminan conduciendo, por la ley del péndulo, de la exageración a la reacción, el movimiento Sturm und Drag acabó agotándose a sí mismo en apenas unos años. La Revolución Francesa agudizó el problema de la libertad y el arte recuperó su función pedagógica como objetivo prioritario. Goethe y Schiller alumbraría en el terreno literario, al mismo tiempo que Kant lo hacia en el filosófico, un nuevo idealismo moral. Aquél, tras regresar de Italia en 1788 vuelve a su trabajo dramático y escribe sus mejores novelas, entre ellas Fausto. Schiller, por su parte, realiza desde 1794 a 1805 sus grandes dramas históricos: la trilogía en verso de Wallenstein, María Estuardo, La doncella de Orleans, Guillermo Tell, etc. Por estos años finales del Setecientos el movimiento romántico ya había surgido. Partiendo de la realidad, los poetas -Tieck y Novalis- crean su propio mundo revisando los valores aceptados, convirtiendo el subconsciente en objeto de estudio y lo sobrenatural, en moda. Escritores como Schlegel le otorgan base teórica y Richter alcanza gran popularidad con sus novelas por su sentimiento e ingenuidad.
movimiento Sturm und Drang (tormenta e ímpetu) señala el comienzo de una de las épocas más notables de la literatura alemana, que se sitúa por delante de las que hasta entonces habían sido sus modelos: Inglaterra y Francia. En Alemania,
la Ilustración entra en crisis hacia 1770, cuando la ciencia vuelve a ceder puestos ante la religión; la reflexión, ante el instinto y el impulso; la razón, ante la intuición y la imaginación. Renace el ideal clásico de Humanitas como equilibrio armónico entre intelecto y sentimientos. Esta nueva visión se va a ir desarrollando a lo largo de tres etapas: la que ahora nos ocupa, el clasicismo y el romanticismo. El Sturm und Drag aparece como un movimiento de desafección hacia los convencionalismos de todo tipo cuyos protagonistas van a ser los jóvenes, ante la debilidad y conservadurismo que muestra la burguesía germana. Influido por Rousseau, Mac Pherson y las recientes traducciones de Shakespeare, sus lemas son: naturaleza, genio, originalidad. No reconoce ninguna ley por encima de la conciencia individual y su producto más peculiar es el drama, hasta el punto de considerarse al movimiento el creador del teatro nacional en Alemania. Los estímulos principales para el Sturm und Drag provienen de Hamann y de su discípulo Herder, creador de la corriente más importante dentro del movimiento y el maestro de una de sus figuras esenciales: Goethe (1749-1832). Ambos se conocieron en Estrasburgo, ciudad donde éste estudiaba y donde escribió Götz von Berlichingen (1773), primer drama importante de la nueva escuela literaria. En él se dejan ver ya los rasgos que caracterizarán a este tipo de obras en el futuro: subordinación de las consideraciones formales al dibujo de los caracteres y presentación de grandes figuras dominadas, a imitación de las shakesperianas, por gigantes pasiones. Al año siguiente publicará la primera novela que le da fama mundial, Los sufrimientos del joven Werther, cuyo protagonista vive y acaba de la misma manera que muchos jóvenes de la época. Junto a Goethe, la otra gran figura del movimiento será Schiller (1759-1805), escritor de cabeza clara y espíritu apasionado. Su obra Los bandidos (1781), con la que pone en escena la doctrina roussoniana sobre el hombre natural, introduce al drama en una nueva fase al adaptarse mejor que su predecesor a las exigencias del teatro. Al igual que todas las rebeliones terminan conduciendo, por la ley del péndulo, de la exageración a la reacción, el movimiento Sturm und Drag acabó agotándose a sí mismo en apenas unos años. La Revolución Francesa agudizó el problema de la libertad y el arte recuperó su función pedagógica como objetivo prioritario. Goethe y Schiller alumbraría en el terreno literario, al mismo tiempo que Kant lo hacia en el filosófico, un nuevo idealismo moral. Aquél, tras regresar de Italia en 1788 vuelve a su trabajo dramático y escribe sus mejores novelas, entre ellas Fausto. Schiller, por su parte, realiza desde 1794 a 1805 sus grandes dramas históricos: la trilogía en verso de Wallenstein, María Estuardo, La doncella de Orleans, Guillermo Tell, etc. Por estos años finales del Setecientos el movimiento romántico ya había surgido. Partiendo de la realidad, los poetas -Tieck y Novalis- crean su propio mundo revisando los valores aceptados, convirtiendo el subconsciente en objeto de estudio y lo sobrenatural, en moda. Escritores como Schlegel le otorgan base teórica y Richter alcanza gran popularidad con sus novelas por su sentimiento e ingenuidad.